Voluntarios de Fundación Adsis acompañan a jóvenes derivados del servicio de protección de menores en su camino al mundo adulto

VÍCTOR VELA
VALLADOLID
Miércoles, 29 noviembre 2017, 07:43

Hay donantes de sangre. También de dinero. "Pero para mí, por su implicación personal, la más generosa de las donaciones es la del tiempo". Habla María Grijelmo, voluntaria de la Fundación Adsis, colaboradora de Enlace, el programa de acompañamiento a niños y jóvenes que están o han pasado por el sistema de protección de menores, que han vivido en algunos de estos centros, y que encuentran aquí, en personas como María, a un adulto con el que hablar, con el que compartir inquietudes, en el que hallar consejo, consuelo, cobijo.

Compañía.

La base –dice Aurora Corona, directora de la Fundación Adsis en Valladolid– es la compañía.

"Cuando un chico llega al sistema de protección, la administración ha tenido que intervenir porque la situación familiar es insostenible, tóxica para el menor", explica Corona, quien añade que cuando eso ocurre, "cuando el niño no tiene un contexto familiar de referencia, echa de menos a un adulto que se dedique a él en exclusiva, en el que poder apoyarse cuando lo necesita y con el que hablar más allá de su educador en el centro". Esa figura es la que representan los voluntarios del programa Enlace. Y hacen falta más.

La Fundación Adsis ha lanzado un llamamiento para conseguir personas solidarias que se impliquen en esta iniciativa. Buscan voluntarios, mayores de 23 años, que se comprometan en el medio y largo plazo, que conecten con la gente joven, que dispongan de un tiempo semanal para pasarlo con menores que lo necesitan. La idea es entablar una relación que perdure en el tiempo. Convertir al voluntario en una red de seguridad para el joven. Un hombro en el que apoyarse, una muleta para caminar con más seguridad por la vida.

Vero, 18 años, es una de esas jóvenes. Ha pasado por una vivienda del sistema de protección a la infancia. Ahora, ya mayor de edad, vive con su abuela materna, trabaja como camarera, quiere estudiar Arte Dramático y ha encontrado una amiga ("claro que le puedo llamar amiga") en el programa de la Fundación Adsis. "Me siento muy identificada con ella. Las dos nos fuimos muy pronto de casa, empezó a trabajar joven (ahora tiene 28 años), compartimos aficiones e ideas, vamos juntas a charlas de feminismo. Me ha ayudado mucho. Me ha insistido en la necesidad de estudiar. Me acompañó a la graduación de Secundaria. Es un apoyo", dice Vero.

Y una referencia. "El primer día con J., [la menor de 16 años a quien acompaña María], me di cuenta de que era una niña que no miraba a los ojos. Y me costó que lo hiciera. Pero creo que ya hemos entablado la confianza suficiente para conseguirlo. Nos reunimos una o dos veces por semana. Le gusta venir a casa, sobre todos los domingos. Damos un paseo, comemos, vemos pelis en el sofá. Y hablamos. Está ávida de saber cómo funcionan las cosas en el mundo. Y le doy mi punto de vista. Creo que lo más importante es la escucha activa. Estos jóvenes necesitan alguien que les escuche, que les comprenda, que sepan lo que quieren y lo que necesitan... Compartimos con ellos un poco de tiempo para transmitirles unos valores. Intentamos darles la mejor versión de nosotros mismos", dice María. "Luchamos para cambiarles un poco el enfoque duro que la vida les ha obligado a tener. La alegría inmensa es cuando ves que algo consigues", asegura. "El mundo está lleno de buenas personas. Solo hay que dar con ellas".

Y Fundación Adsis intenta ponerlas en contacto con un programa que funciona desde el año 2000 y que busca ahora nuevos voluntarios "porque tenemos jóvenes que están en lista de espera. Acompañamos a 32, pero solo tenemos 25 voluntarios", explica Corona, quien recuerda que los colaboradores de Enlace reciben asesoramiento de la fundación, con encuentros quincenales con una psicóloga y reuniones mensuales de los voluntarios, al menos durante el primer momento.

"Luego el seguimiento es más flexible, en función de la relación que se trabe entre el voluntario y el joven a quien acompaña", indica Corona, quien apunta que la conexión entre ambos se establece también en función de aficiones comunes, gustos o experiencias compartidas. Importa en este caso que el compromiso sea para el medio y largo plazo. "Los jóvenes que precisan este servicio necesitan a alguien que les aporte estabilidad", aseguran. Y, además, es vital ampliar el círculo de amistades, la red de relaciones. "Estos chicos viven en el centro de menores y se suelen relacionar con ese entorno. Es importante que vean otras realidades, que conozcan a otras personas".

Zaida García es la técnico responsable del programa y los voluntarios encuentran en ella todo apoyo que puedan necesitar. "Nuestra labor se centra en la búsqueda y selección de voluntarios para los jóvenes que vienen derivados del servicio de protección a la infancia. Buscamos a gente que tenga empatía, con habilidades sociales y estabilidad emocional, también con disponibilidad de tiempo y que tengan ganas de ayudar y apoyar un cambio en la vida de otras personas", asegura Zaida, quien insiste en la necesidad de hacerse con la confianza del joven, de trabajar una relación porque "para aconsejar, hay que ganarse el derecho a opinar".