Reportaje

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¿Te has fijado alguna vez en el logotipo de Fundación Adsis? Sí, es una pieza de puzzle. Pero es una pieza algo especial. O eso nos gusta pensar. Porque en Adsis nos esforzamos para que todas las personas que lo necesitan encuentren en nuestro equipo aquella pieza clave que hará que, poco a poco, todo el puzzle acabe encajando.

Personas como Danny, que con 11 años acaba de empezar la ESO y no para de suspender. Quizás porque todavía no se ha adaptado a su país de acogida; quizás porque no entiende lo que está estudiando; quizás porque en casa no le pueden hacer el seguimiento que necesita. Le han expulsado varias veces del colegio y está convencido de que no sirve para nada.

Personas como Desirée. Una joven que se encuentra privada de libertad en la UTE de Asturias, un módulo penitenciario mixto en el que solo el 8% de internas son mujeres. Y muchas de ellas, como la misma Desirée, provienen de historias relacionadas con la violencia machista. Ella sueña con ser peluquera y recuperar el vínculo con su hermano pequeño, pero desde aquí dentro, ambas cosas parecen bastante improbables.

Personas como Hellen. Una mujer fuerte, empoderada y con estudios que ha viajado de Uganda a España buscando un futuro mejor. Aquí ha formado una familia, pero necesita encontrar un trabajo. Su origen y tener tres hijos pequeños no le ayudan para nada a conseguirlo, y aunque tiene mucha fortaleza, escuchar tantas veces “no”, le está haciendo perder el optimismo.

Danny, Desirée, Hellen. Tres personas muy distintas, tres momentos vitales muy diferentes, pero una sensación muy parecida: la de no encontrar el lugar, la de necesitar encontrar la pieza que les permita terminar el puzzle por sí mismas.

“Fundación Adsis me dio una identidad y una vida, literalmente”

- Danny

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En el caso de Danny, su pieza se llama Casilda. Ella es educadora de la Fundación en Barcelona. “Danny llegó a la Fundación Adsis a través del Centre Obert que tenemos en el barrio del Carmel”. “Yo -prosigue- no trataba con él directamente, pero sí con su madre, para gestionar las becas, y con él nos encontrábamos a menudo por los pasillos y charlábamos un poco”.

“En el centro Obert -nos cuenta Danny- me ayudaban a hacer los deberes pero, sobre todo, tenía un lugar al que ir al salir de clase, gente adulta con quien charlar”.

“Con su historial y desmotivación por los estudios, le propusimos que hiciera un PFI de Administración, así le podríamos seguir más de cerca”, cuenta Casilda. Y añade: “Su madre ofreció resistencias, pero después de muchas conversaciones, y del ultimátum de la escuela por el comportamiento de Danny, accedió al cambio”. “Y, efectivamente -concluye- con el PFI, Danny empezó a sacar buenas notas, se mostró mucho más alegre y receptivo y empezó a decir que le gustaba estudiar”. Algo empezó a encajar.

Hoy Danny tiene 22 años y compagina sus estudios de doble titulación de Grado Superior de Sistemas Informáticos y Desarrollo web con un trabajo como administrador de sistemas en la nube. “Fundación Adsis me dio una identidad y una vida, literalmente”. “Yo antes no tenía esta energía ni estas ganas de vivir. Casilda, y todo el equipo de la Fundación, insistieron a mi madre para que hiciera un PFI, volvieron a insistir para que cuando las cosas me empezaron a ir bien no se me llevara de nuevo a Ecuador; estuvieron detrás mío constantemente, buscaron becas y ayudas para que pudiera continuar estudiando, me ayudaron con mis papeles y, sobre todo, me apoyaron para que potenciara mis cualidades y que las hiciera brillar. Siempre había escuchado ‘tú no vales para esto’, pero cuando llegué a Fundación Adsis empecé a escuchar ‘tú sí que vales, Danny’. Hoy soy quién soy gracias a ello”.

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“Me ayudaron a valorarme por mí misma, a ser feminista y a no dejarme pisar por nadie”

- Desirée

Para Desirée, la pieza que le ayudó a ver cómo encajar su puzzle vital se llama Andrea. “Un buen día -nos cuenta Desi- aparecieron en la UTE (Unidad Terapéutica Educativa) Andrea y el equipo de Fundación Adsis y nos invitaron a crear “Nosotras”, un proyecto que tenía como objetivo darnos un espacio propio e incorporar la perspectiva de género en prisión. “Al principio Desirée -nos cuenta Andrea- estaba muy seria. Participaba en todo lo que le proponíamos pero con una distancia enorme”. “Pero poco a poco -prosigue- su carácter fue cambiando y se fue abriendo”. “Me di cuenta -nos cuenta Desirée- de lo machista que era y de que eso precisamente me estaba provocando muchos problemas. La guinda del pastel fue cuando Andrea me ofreció la posibilidad de vincular mi tercer grado a un trabajo en una peluquería”. Otra pieza que encaja.

Hoy Desi tiene 25 años, ha tenido la oportunidad de formarse como peluquera trabaja de ello y una de sus clientas habituales es precisamente Andrea. Además, ha recuperado la relación con su hermano y acaba de adoptar un perro. “Soy una persona totalmente nueva”, nos cuenta. “En Fundación Adsis -añade-, me dieron la mano desde el primer momento e hicieron aflorar una Desirée que llevaba dentro pero no conocía. Me ayudaron a valorarme por mí misma, a ser feminista y a no dejarme pisar por nadie”.

“Me dio igual que nadie me quisiera dar una oportunidad, porque en Fundación Adsis me dieron una mucho más grande”

- Hellen

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“Hellen -nos cuenta Mar, del equipo de Búsqueda Activa de Empleo de Fundación Adsis en Madrid-, apareció un buen día en el centro Peñascales con un bebé de pocas semanas. No hablaba muy bien el idioma, pero se hizo entender. Me contó que tenía tres hijos y buscaba trabajo”. “La verdad -pensé- no iba a ser fácil”. “Lo que más me sorprendió de Hellen fue su determinación”, comenta Mar. “ Y es que -prosigue- se apuntó a todo lo que le propusimos, sin importarle cruzar medio Madrid en metro con su bebé tantas veces como hiciera falta”. “Aún así -concluye-, no consiguió encontrar un trabajo”.

“Me dio igual que nadie me quisiera dar una oportunidad-nos cuenta Hellen-, porque en Fundación Adsis me dieron una de mucho más grande. Allí encontré a unas personas que creyeron en mí, me escucharon como nadie antes lo había hecho, y me hicieron conectar con mi verdadero propósito en la vida y recordar aquello que realmente me había llevado a salir de mi país: conseguir que ninguna otra mujer viviera realidades como las que habían vivido mi madre, mis hermanas y yo si no me hubiera ido”. “Mar -continúa- me ayudó a encontrar el potencial que estaba dentro de mí. Yo pensaba que, como mujer, había cosas que no podía hacer y gracias a ella sí he cumplido mi sueño”.

Hellen ha creado, con su marido, una Fundación que ayuda a madres adolescentes de Uganda y Nigeria y que trabaja para empoderar a las jóvenes de estos países. Una pieza más ha encajado.

Danny, Desirée y Hellen son tres de las más de 40.000 personas a las que cada año tendemos una mano en Fundación Adsis para acompañarlas mientras encuentran cómo encajar en el puzzle de la vida. Ahora ellos, además, también tienen la oportunidad de ser una pieza clave en la vida de otras personas.

Las de Danny, Desirée y Hellen, son sólo tres de las muchas historias que forman parte de Fundación Adsis y que protagonizan una nueva campaña en la que nos cuentan quién ha sido su pieza clave. Historias que hacen posible ir construyendo un puzzle que ilustra la riqueza que se esconde detrás de la intervención social y por qué es tan importante este acompañamiento.

Y para ti, ¿quién ha sido la pieza que ha hecho que todo encaje?
Te invitamos a que pares un momento, cierres los ojos y pienses en ello.
¿Nos lo cuentas?

Descubre más historias en el vídeo y comparte: #ContigoTodoEncaja

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Quiero ser una pieza clave

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