“Cuando has estado en la cárcel estás muy mal mirado por la sociedad”

06/04/2017

Ronal García llegó a España en 2001. Es de Medellín, Colombia, y tiene 38 años. Después de dos ingresos en prisión, a día de hoy disfruta de su tercer grado. Ronal participa desde hace siete meses en el programa Bestalde de Fundación Adsis, que conoció mientras cumplía su condena en el Centro Penitenciario de Bilbao. En octubre de 2016 inicia su participación en actividades ocupacionales como musicoterapia o arteterapia, al externo de prisión que la entidad organiza en colaboración con el departamento de educación del Museo de Bellas Artes de Bilbao y con la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Ha participado en la Experiencia Solidaria de Navidad (campo de trabajo) en la Residencia San Prudencio de Vitoria y, actualmente, en tercer grado, realiza un proceso de inclusión desde el medio abierto en el centro de día Bestalde.

 

¿Cómo era tu vida en Colombia?

Antes de venir a España  estuve trabajando tres años en una clínica de Medellín, en el departamento encargado de los suministros. Había estudiado farmacia y me encantaba mi trabajo. Justo me acababan de ofrecer el puesto de auxiliar de farmacia, pero no me llevaba bien con mi jefa y renuncié. Entonces me compré un billete de avión a Madrid.

¿Tenías pareja y/o hijos?

Tenía una novia en Colombia que me decía que no viniera… yo tenía 23 años y ella 29. Quería que nos casáramos. Renuncié al trabajo por los problemas que me ocasionaba mi jefa. A mi novia la quería mucho pero yo no quería tener todavía familia… por eso le dije que no.

¿Llegaste a tener algún trabajo eventual aquí en Madrid?

Si, en Madrid trabajé cambiando escenarios para conciertos, en la noche y algo de mañana. También trabajé como vendedor ambulante en el parque del Retiro, vendiendo patatas con Coca-Cola… Y en otras partes de España, como en las Fallas de Valencia.

¿Qué te llevó a Bilbao?

En Madrid no encontraba ningún trabajo fijo. A través de mi novia en Medellín, contacté con un chico que vivía en Bilbao. Me dijo que viniera a vivir a su piso y que me ayudaría a buscar un trabajo. Al llegar, nada fue como esperaba. Empecé trabajando de portero en una discoteca durante unos meses, y fue allí donde conocí a mi esposa actual y me fui a vivir con ella. Es de Colombia, pero tiene nacionalidad española, y tiene trabajo y un piso alquilado.

¿Es muy diferente vivir aquí que en Colombia?

Si, aquí hay mucha más tranquilidad. Se le da valor a la vida, hay un respeto, y eso me gusta. Hay que vivir el contraste para darte cuenta.

¿Por qué acabaste en prisión?

Pues por las malas amistades, la fiesta, el consumo y temas de dinero, drogas… Estuve en prisión dos veces. La primera, a mis 24 años. Yo era una persona más alocada, que llegaba de Medellín y sus secuestros, asesinatos, la guerra de Pablo Escobar, policías muertos, con bombas y todas esas cosas.

¿Cuánto tiempo pasó desde la primera vez que entraste en prisión a la segunda?

13 años. Me había retirado de todo eso y estaba trabajando. Pero un día, desafortunadamente, contacté con alguien que había conocido en la cárcel. La segunda vez que ingresé fue mucho peor, porque la vida, cuando uno va cumpliendo años, te golpea más fuerte.

¿Qué pasó en el tiempo que saliste de prisión la segunda vez?

La segunda vez que salí de prisión, conseguí un trabajo a través de una amiga para ir a casa de una familia a cuidar de una persona mayor. Ella y su esposo son las únicas personas que me han visitado cada 15 o 20 días cuando regresé al centro penitenciario. Les tengo cariño. Tienen cuatro hijos, y me invitaron a cenar a su casa el día que les comuniqué que iba a ingresar a prisión. Me dieron chocolate y revistas.

Cuando has estado en la cárcel estás muy mal mirado por la sociedad. Además, me agarró una enfermedad degenerativa en los huesos antes de entrar en prisión y empecé a fumar marihuana para aliviar el dolor. A partir de ahí, volví a las drogas de nuevo y también a prisión.

¿Qué quieres ahora?

Yo no quiero volver a prisión. Soy una persona muy trabajadora, me considero un buen trabajador. Ahora tengo un compromiso con Bestalde, me propusieron estar allí llevando unas actividades: futbol, que me encanta, cuidar de personas mayores, también toco música, pinto… me gustan las bellas artes. Disfruto pintando cuadros y con lo que me transmiten.

¿Cómo conociste Fundación Adsis dentro de prisión?

La trabajadora social me habló de Adsis. Me comentó si quería salir a una actividad en mi primer día de permiso. Hasta el día de hoy, hice 21 salidas con ellos. Desde el primer día hasta hoy, que me dieron el tercer grado, estoy participando en Bestalde.

¿En qué sientes que te ha ayudado más Fundación Adsis cuando has estado en prisión?

A valorar las cosas. Adsis le da mucha importancia al trato,  me han tratado de manera muy profunda desde el principio. Me han dado la mano, con ellos he sentido un abrazo que me agarra de verdad.

¿Qué relación tienes ahora con los educadores?

Nos llevamos súper bien  En estos momentos, sigo buscando sus consejos y su punto de apoyo, de ayuda.

Si te encontrases a una persona que estuviera en un punto como en el que estabas tú justo antes de entrar en prisión, ¿qué le dirías, qué consejo le darías?

Mira, yo estuve todo el año en el módulo de  enfermería y por allí pasaron muchas personas: unas por violación, otras por drogas, todas esas cosas… chicos de 20 años a quiénes daba buenos consejos, pero  muchos no escuchan.

¿Crees que no sirve?

Yo creo que no, que te tienes que dar cuenta. Te tiene que golpear la vida, darte golpes muy muy fuertes para poder darte cuenta. Tienes que tropezar una y otra vez.

¿Y crees que Fundación Adsis te ha ayudado en este proceso?

Sí, mucho. Nunca olvidaré mi primer día en Adsis, por el trato y las buenas formas en que me acogieron.

¿Cómo te ves dentro de 10 años?

Pues he aprendido a no planear. La vida me ha enseñado a no planear las cosas.

¿Pero no tienes un sueño?

Sí, a mí me gusta mucho el campo de la medicina. Yo dinero no tengo, pero si lo tuviera me pondría a estudiar medicina.

¿Qué es lo que más miedo te da?

Tengo ciertos temores, el miedo a no hacer las cosas bien, a no ser constante y no hacer las cosas bien, a fallar. A mí me han ofrecido dinero, si yo hubiera querido hubiera sido un narcotraficante muy gordo o extraditado a Estados Unidos pagando una cadena perpetua. Tuve la oportunidad, pero gracias a Dios, sentía ya el miedo y lo rechacé, pero muchas personas lo han aceptado.

¿Vas a volver a trabajar ahora?

Sí, tengo que organizarme porque quiero seguir aquí en Bestalde participando. Pero a lo mejor vuelvo también a trabajar con la familia con quién trabajé la primera vez que salí de prisión. Me van a dar otra oportunidad.

 

 

 

 

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